Mientras asía las prendas ella era distraída pensando en cosas triviales. De un momento a otro el lugar comenzó a mostrarse reacio, era una sensación extraña que no entendía. Aceleró sus manos con los quehaceres, ya que inconscientemente sentía escalofríos extraños. Sentía que helaba solo donde ella estaba. El perro seguía durmiendo. Entonces se percató que que caían gotas de su amplia frente.
Sus ojos se tornaban cansados, fue ahí donde sucedió.
Era detrás de ella, esa habitación extraña. Ladeó un poco su rostro, y como el gran panorama que nuestros ojos pueden captar, le pareció ver unas ojeras muy oscuras. Decidió voltear al lado contrario y se dió con la sorpresa de que era esa cosa. Era ella, esa mujer.
-¿tú?,¿qué demonios?-sus manos sobre el mueble tiritaban sin tener frío, sus ojos se desorbitaron.
Solo se escuchó un susurro y un suspiro que fueron suficientes para atrapar su esencia. Aquella noche iba a ser la última. Una macabra sonrisa lo observaba.
-Dios es justo, yo no.